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martes, 13 de octubre de 2009

Las crisis económicas y la condición humana

El mes pasado en la versión on-line de La Nación se publicó una nota con el siguiente título:


Greenspan: "Una nueva crisis es inevitable".

"Cuando atraviesan períodos largos de prosperidad, los seres humanos tienen una capacidad insaciable de suponer que eso continuará", dijo el ex jefe de la Fed (Reserva Federal de los EEUU); "Eso siempre deriva en excesos especulativos". Asimismo conversando en Londres a través de la BBC agregó:

“Otra crisis financiera global es inevitable porque la naturaleza humana siempre deriva en "excesos especulativos" durante un período de prosperidad sostenida” o –añadimos- durante un período inverso de austeridad forzada.

Las afirmaciones entre comillas surgen de un ex funcionario que dimitió como responsable de la Fed luego de 18 años, período que incluye la etapa de 1991 a 2001 como uno de los ciclos de crecimiento económico sin interrupciones más largos en la historia moderna de EEUU.

Su trayectoria recientemente fue cuestionada y algunos analistas económicos notaron que fue durante la gestión de Greenspan en la Fed que se sembraron las semillas del crédito flexible y la burbuja inmobiliaria que contribuyeron a la crisis financiera que, según se entiende, está llegando a su fin.

Greenspan, quien defendió varias veces su actuación, dijo que todas las crisis financieras son diferentes, pero que tienen una fuente fundamental.

Los seres humanos "empiezan a asumir excesos especulativos, con las consecuencias que han marcado la historia del planeta básicamente desde el comienzo del siglo 18 y en el siglo 19", dijo y luego agregó "Es la naturaleza humana: a menos que alguien pueda encontrar la forma de cambiar la naturaleza humana, tendremos otra crisis".

Es a partir de estas conclusiones que nos parece conducente aportar la mirada que sostenemos desde Metainteligencia. Nos preguntamos pues:

¿La especulación que deriva en exceso es consecuencia de la naturaleza humana? ¿Se requiere cambiar la naturaleza humana?

Nuestra respuesta a ambos interrogantes es negativa.

Entendemos que la especulación es la resultante de un paradigma (modelo de interpretación de la realidad) que se fundamenta en la emocionalidad del miedo o en el sentimiento asociado: el temor.

Buscamos fundamentar porqué el miedo, el deseo y la especulación nos confunden acerca de nuestra naturaleza humana.

Los seres humanos especulamos y ello es debido a diversos tipos de temores, uno se hace más presente en la especulación financiera. Es el temor a no poder deducir o conocer lo que ocurrirá en el futuro y se lo conoce como incertidumbre. La incertidumbre no permite anticipar si ganaremos o perderemos y esto produce temor. El no saber qué ocurrirá y el desconocimiento de lo que podría ocurrir, generan interpretaciones que nos atemorizan por la dificultad en deducir un resultado que consideremos positivo.

Surge así el deseo de reducir la incertidumbre y con el será creciente la especulación. A mayor deseo por conocer el resultado de manera anticipada, a mayor deseo por reducir los riesgos o las pérdidas, mayor será la especulación. El sentido común nos dice que si hemos logrado satisfacer el deseo de conocer el rumbo de los acontecimientos, reduciendo así la incertidumbre, los temores tenderán a desaparecer.

Estos procesos se manifiestan particularmente en las cuestiones económicas y financieras ya que hoy por hoy son interpretadas como las que “aseguran el porvenir de las personas”. Se afirma consciente o inconscientemente el siguiente pensamiento: “Tener es existir”. Culturalmente se interpreta que tener es un modo idóneo para sobrevivir.

Si la mayoría de las personas interpretamos que nuestra existencia es dependiente de los bienes económicos y financieros, estos se transforman en bienes preciados y al mismo tiempo, en bienes escasos.

En este medio de cultivo es indispensable especular para “estar entre los ganadores” dejando de lado, ignorando, quien o quienes son los perdedores. De este modo se extienden dichas prácticas hasta la próxima “crisis”, momento en el cuál la especulación “es recortada”, se le quita de -alguna manera- al especulador parte de su acumulación hasta el inicio de un nuevo ciclo. Muchos otros –los que perdieron- no tienen “lo que recortarles” y simplemente padecen.

Cuando a través de la especulación ganamos, sentimos que hemos arribado a un puerto cercano a la felicidad y cuando perdemos sentimos que nos hemos alejado de aquel “puerto feliz”. El “deseo” de retornar se convierte nuevamente en un objetivo.

El deseo por ganar para tener y la especulación asociada encarnan lo que se conoce como sentirnos realizados y felices. Esta es una identificación falsa entre lo que somos y lo que tenemos u obtenemos.

Al mismo tiempo que se promueve e incentiva esta cultura “de tener” también experimentamos la transitoriedad de dicho “tener”. Conocemos que todas “las formas”, en particular las materiales y emocionales son efímeras.

Conocemos que el dinero es “circulante” que se gana, se pierde, se gasta, se devalúa. Conocemos que “las cosas” sean autos, ropas, casas, etc se deterioran, pasan de moda, se requiere renovarlas o cambiarlas. Es decir, todas las formas materiales, emocionales y aún la mayoría de las formas de pensar son efímeras y cambian, se modifican, con el paso del tiempo.

Como cuerpos físicos, es decir como formas materiales, también somos transitorios y efímeros. Sabemos que la muerte física está representada como una “forma que desaparece”, un cuerpo que se descompone.

Sin embargo, aún cuando el cuerpo físico experimente en la muerte una transformación de “su forma”, un cambio de estado, no por ello dicho cambio representa la muerte de lo que somos.

De a poco podemos acceder al origen de nuestra especulación esencial.

La especulación es un derivado del temor que surge cuando: desconocemos quiénes somos y por lo tanto desconocemos la verdad de nuestra naturaleza.

Es tiempo de reconsideración. Se requiere redescubrir quien en verdad somos.

Se revelará de este modo el origen de todas las especulaciones. Se conocerá hasta la razón de la mayoría de las maldades humanas: la inconsciencia acerca de quiénes somos.

Se revelará La verdadera naturaleza humana.

Cuando ello ocurra abandonaremos la ambición (deriva de la especulación) para acentuarnos en la contribución. Esta, es deriva de la Plenitud que proviene de nuestra Grandeza Humana.

Grandeza para contribuir, dar, aportar. Para ello se requiere primero descubrir la riqueza que existe en cada uno.

¡La Riqueza o Grandeza que convierte los actos Humanos en Plenos de Humanidad!

Desde Metainteligencia no promovemos una Humanidad Económica o empequeñecida sino que motivamos una Humanidad Humanizada Económicamente. Humanidad engrandecida por la capacidad de generar recursos suficientes que satisfagan las necesidades humanas, reemplazando la especulación que busca la satisfacción permanente de deseos que son inviables a todos.

Promovemos seres humanos que desarrollan su potencial consciente, sin especulación, manifestando lo que son, dando a conocer su identidad verdadera, compartiendo y complementando la plena diversidad.

Seres humanos con significado que se corporiza en el coraje de Ser quienes en verdad son.

El Ser en el Hacer promueve la economía de la realización humana sin especulación.

www.metainteligencia.com

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martes, 7 de abril de 2009

¿Cuál es la verdadera Crisis que vivimos?

Esta es una pregunta a la que damos una rápida respuesta.

Nuestra opinión consiste en definir la verdadera crisis como crisis de Inconciencia.

Al responder de este modo ingresamos también con acelerado impulso en el desafío de construir los fundamentos que conviertan esta opinión en válida.

Los humanos estamos en condiciones de acceder a diferentes niveles de revelación de la verdad. Son estados diferenciados de la Conciencia en la mente humana. Encontrar la Verdad se convierte en búsqueda intensa cuando logramos sospechar que de algún modo si la hayamos, esa Verdad nos hará libres y de esa libertad, brotará Paz.

En algunos de los niveles en que realizamos estas búsquedas alcanzamos a convertirnos en el sujeto que, sin saberlo, causa cierta interferencia para que la Verdad surja. La verdad puede así, tener un cariz superficial o cosmético. Otras veces, también por interferencia inherente a nuestra participación activa o pasiva puede transformarse en verdad tóxica.

Si la verdad fuese cosmética se dice que quien formula opinión o juicio esta “guardando las apariencias” o “cuidando su imagen”, en cambio, quién emite opinión de manera tóxica podría privarle a esa verdad del filtro necesario para que el receptor la incorpore o acepte. Conseguiría incluso, convertirse en una verdad rechazada.

¿Qué ocurre cuando definimos la Verdad como Profunda? Se requiere para su validación integrar otro estado de Conciencia.

Desde la programación neurolingüística o PNL se considera que la verdad profunda de las comunicaciones humanas la mayoría de las veces permanece oculta. Se parte del principio que al comunicarnos, debido al modelo mental individual, “deformamos la verdad” a través de mecanismos del lenguaje tales como: generalizaciones (“todo, siempre, nunca” etc.), supresiones (se procura resumir lo que se dice), áreas de ceguera (lo que desconocemos, los pormenores de la historia que relatamos), etc.

¿Qué nos lleva entonces a suponer que la afirmación Crisis de Inconciencia -sostenida más arriba- es una Verdad profunda?

Para responder se requiere ampliar el conocimiento acerca de lo que llamamos Conciencia. Popularmente expresamos que “una persona es consciente de… “, o “es inconsciente de…”, cuando se dio o no cuenta de algo. Cuando se aprecia que está atento o alerta de ese algo o acerca de esa situación. Así por ejemplo expresamos: esa persona no es consciente que me encerró con el auto, o que aún no pagó la factura, o que se está enfermando con esa manera de fumar, etc.

No “darse cuenta” es un estado de la inconsciencia, es decir de la falta de conciencia sobre esa situación u objeto. Más sencillo es deducir que si continúo “sin darme cuenta” en algunas situaciones tendré que pagar costos altos. Si prolongo las situaciones sin darme cuenta, por ejemplo: que me estoy acercando al fuego, el costo a pagar consistirá en recibir quemaduras en el cuerpo y, dependiendo del grado de la inconsciencia, esas quemaduras pueden dañar definitivamente los tejidos o incluso agravar el cuadro clínico.

Desde la mirada Metainteligente denominamos Conciencia a lo que en verdad somos, darnos cuenta o redescubrir quienes somos. Lo que somos también podríamos denominarlo Ser. Es, en este sentido, lo que compartimos con el resto de los seres humanos. El Ser es el espacio compartido por todos. Es donde estamos Presentes y nos sentimos unidos más allá de las apariencias. Somos capaces de reconocerlo, tenemos la sensibilidad para percibirlo y en general lo denominamos: Paz o Quietud. Paradójicamente es al mismo tiempo un espacio de Alerta profundo, también conocido como “estado Despierto”.

Afirmamos desde esa atención que la crisis financiera internacional o las crisis que se atraviesan en la sociedad global y/o local, son consecuencia de la Inconciencia que como seres humanos estamos experimentando cuando creemos que es posible vivir en la acumulación ambiciosa y desenfrenada sin pagar costos colaterales. Costos que aparecen cuando nos dejamos conducir por la codicia y el miedo, ambos, caras de una misma moneda. La Inconciencia de quienes somos.

Al confundir la identidad de quienes somos con lo que surge de aquello que obtenemos, logramos, o hacemos, dejamos rienda suelta a la astucia del ego (una deformación de la conciencia que se transforma en inconciencia). Desarrollamos e incentivamos la habilidad superlativa llamada astucia, picardía o viveza criolla que nos facilita para tomar o hasta hurtar los huevos de oro, en cambio de elevar el pensamiento con la sabiduría de la Conciencia y elegir asistir a la Gallina que es la que produce los huevos de oro. Es decir, cuidar la Capacidad de Producción de huevos de oro.

Cuando no atendemos a la Gallina (la capacidad de producir huevos de oro) caemos en Inconciencia y nos “distraemos”. Es esa forma de entretenernos o distraernos que incorporamos a lo largo de la vida y que poco a poco nos aferra a los diversos “espejitos de colores” que nos alejan de nuestras capacidades más elevadas.

De esta manera la sociedad local o global vive más próxima al egoísmo y el egotismo sin lograr imaginar que la Paz, el estado al cual todos aspiramos, se encuentra en el Altruismo. Así, quienes utilizan las leyes del mercado para con astucia -la inteligencia del ego- obtener más, y más aceleradamente, el resultado deseado (huevos de oro), atentan contra el mismo mercado destruyendo la capacidad de producir resultados (Gallina de los huevos de oro).

Muchas veces es el dolor y el sufrimiento asociado el que permite que “nos demos cuenta”, que salgamos de la Inconsciencia, que “nos caigamos del caballo”. Sin embargo no siempre el darnos cuenta o la desilusión que es otra forma de la Inconciencia produce transformación del comportamiento o cambio verdadero.

La mayoría de las veces los cambios son cosméticos y no profundos.

Son bien conocidas las iniciativas del micro crédito para personas en situación de pobreza que inician o buscan promover un micro emprendimiento, su primer promotor ha sido Muhammad Yunus a través del Grameen Bank. Por tal iniciativa este hombre de bien ha sido galardonado con el Premio Nobel de la Paz.

¿Cómo es posible que una función que podría denominarse exclusivamente financiera, se traduzca en un instrumento de Paz?

Se traduce en Paz porque ese es el resultado de la aplicación Consciente de nuestras capacidades, es aquí cuando percibimos con claridad la frase de Plutarco (50 D.C.) “El cerebro no es un vaso a ser llenado, sino una lámpara a ser encendida”

Cuando repasamos cómo han funcionado estas iniciativas descubrimos –con cierta sorpresa- que en su aplicación masiva comienza a desvirtuarse el sentido primario:

“A nivel local, sin embargo, el fenómeno del microcrédito presenta características muy dispares. Las diferencias son muchas y van desde los montos otorgados o las tasas de interés cobradas a los prestatarios, hasta la tecnología utilizada, que puede pasar del crédito individual al de Bancos Comunales o a los Grupos Solidarios.

Las discrepancias también pasan por la motivación de los actores que intervienen; mientras que muchas de las iniciativas persiguen el ambicioso anhelo de Yunus de luchar por un mundo sin pobreza, otras tantas responden a intereses meramente económicos y cobran tasas muy por encima de lo necesario o gastan sus recursos y energías en sacar clientes a otras entidades, creando competencia en un segmento en donde debería primar la cooperación””

Fuente www.Claritas.org

Competir –en el mejor de los casos- es un verbo que moviliza la cultura de superar al otro como medio para superarme. Llegar a la meta antes que cualquier otro. Hacerme primero que nadie de los huevos de oro. Competir para alcanzar primero un logro, meta o zanahoria como si ésta fuese la única o la última que existe. Es un estado que nos focaliza en la escasez. Subyace y persiste el paradigma en el cual estamos inmersos. Es escasez lo que nos hace competir a varios por la misma zanahoria, es el tipo de cultura que deforma y deteriora el accionar humano.

En este andarivel peleamos por un pedazo de la torta en cambio de “preparar y cocinar una torta en molde más grande”, o simplemente, descubrir donde pueden existir otras tortas. En esta cultura lo que se desarrolla es la astucia creativa, pero cerramos o interferimos el acceso a la creatividad inspirada.

eye, ojo, Auge

Con astucia o picardía se imposibilita la conexión con la Inteligencia Universal que es fuente de toda inspiración humana.

En el otro andarivel se encuentran la cooperación y la contribución, acciones del “dar” que sólo pueden surgir del paradigma de la abundancia. Representan la manifestación de nuestro aporte personal u organizacional, ese tipo de aporte único e insustituible expresado por el contacto consciente con lo que en verdad Soy o Somos. La contribución o cooperación siempre reconocen y trasladan de manera implícita, la riqueza propia y la del otro u otros. Valorizan y se enriquecen con las dimensiones que sólo otros pueden entregar porque los demás, precisamente poseen en sus particularidades, en sus dones, los aportes que requerimos para el desarrollo. Surge la complementación, es abundancia de posibilidades, de creatividad, de inspiración, de manifestación humana. Es en este recorrido donde aparece con toda fuerza la Humanidad de los Actos Humanos.

La competencia junto a la comparación, la crítica, la disputa y la queja forman el quinteto de los más dañinos tumores organizacionales y sociales. Cuando estos males productos de la Inconciencia surgen, a cambio de desarrollar la Luz, incentivamos la sombra en las personas y estas sombras se instalan en las organizaciones o instituciones, sean con o sin fines de lucro, sean estas políticas, financieras, empresarias, sociales o sindicales; y así la deformación se traduce en enfermedad que termina en Crisis Social.

Enfermedad que es Crisis de Inconciencia.

Sólo a partir del recupero de la Verdad Profunda, de contactar lo que está por debajo de la línea de flotación de todo Ser Humano, de aquello que no se ve pero existe debajo de nuestras capas superficiales, es que estamos en condiciones de realizar lo que somos en Verdad y nos animamos a abandonar las máscaras, los personajes que nos mantienen en la verdad cosmética o la verdad tóxica.

Es de este modo que seres ordinarios alcanzan resultados extraordinarios. Es en Conciencia que se encuentra Sentido a lo que hacemos, desplegamos el Ser en el Hacer. Allí se hace presente el propósito interno (Ser) y el propósito externo (Hacer) en nuestro aporte personal y organizacional. De esta manera identificamos que la Fuente es agua Viva y reconocemos que es verdad Profunda.

La Conciencia es Fuente de valor Infinito y costo cero. Es abundancia.

Guillermo Rodriguez

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